Una calle a través del tiempo… DIEGO DE AGÜERO, DE LOS JUDÍOS o Jr. HUALLAGA.

Una de las calles de mayor tránsito para ir desde la Plaza Mayor hacia la zona del Mercado Central es el Jr. Huallaga. Hemos caminado seguramente que innumerables veces, sin imaginar o ponernos a pensar qué negocios hubieron en este jirón en épocas pasadas.

Acompáñenme a caminar a través del tiempo a la 2da cuadra del Jr. Huallaga y conocer un poco mas de toda la historia que encierra.

SUS INICIOS

En la inicial distribución de lotes en la Lima de 1535, se dividieron cada cuadra en cuatro lotes o solares. Para el caso de la calle que nos ocupa, los asignaron partiendo desde la Plaza Mayor, de la siguiente manera: Lado izquierdo primer solar a Iglesia y el segundo al Cura. Sobre el lado derecho: primer solar a Diego de Agüero y el segundo a Francisco de Veranga. Cabe indicar que todavía las calles no tenían denominación. Por ese motivo, y así lo indica el  padre jesuita Bernabé Cobo en 1882 (3) siguiendo la costumbre, la calle toma el nombre de uno de sus vecinos, en este caso, pasa a ser llamada “Diego de Agüero”.

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Fines del siglo XVI

Pero, ¿De dónde viene el nombre de “Judíos”? Vamos a leer un poco:

“En la nave lateral hacia el extremo sur de la Catedral de Lima existen tres puertas grandes exteriores y ocho capillas hornacinadas, siendo diametralmente opuestas dos de las primeras nombradas del bautisterio y de Santa Apolonia, respectivamente; y a la tercera que se halla justamente en el promedio de dicha nave, se llamaba a fines del siglo XVI, de los Judios, porque en los muros de ella se veían precisamente pintadas, por el lado interior, las figuras de los herejes y judíos que habian sido castigados y quemados públicamente por la inquisición; ignorando nosotros quien o quienes fueran el autor o autores de estos grandes frescos ni el año en que se pintaron. Y como esa puerta, así llamada, daba al exterior, de aquí el que, a la calle se le diera también, por extensión, el nombre de los Judíos, con el que hasta ahora se le conoce, no obtante de haber desaparecido, desde hace mucho tiempo, dichos frescos en las varias refacciones que ha sufrido la catedral, por entro y fuera, al través del tiempo (1)”.

Así empieza su relato sobre esta calle, el Sr. Jenaro Herrera, en un artículo escrito para la Revista Mundial por los años 1920, el cual nos da pistas sobre el nombre. Pero además corrobora el nombre de la calle citando una obra de don Francisco de Echave y Assu escriba en 1688:

“Puerta de los Judios: … Llamase de los Judios, porque en los pilastrones y paredes de sus costados se ven las figuras tristes de Herejes y Judios, que pasando de Europa a estos Reynos, han sido penitenciados del Tribunal de la Santa Inquisición, y para padrón eterno de su infamia se conservan sus nombres en las funestas insignias de su sambenito y suplicio de llamas (2)” 

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“La estrella de Lima convertida en Sol” Francisco de Echave y Assu

Parece ser que esa es la explicación del nombre.

Pero no hay que olvidar que a esta calle también se le conocía con otro nombre. Según el padre jesuita Bernabé Cobo (3) también se le llamaba “Diego de Agüero” ya que este personaje (capitán y uno de los primeros fundadores y regidor perpetuo de la ciudad de los Reyes) tuvo un solar y su casa en la esquina que da frente a la Catedral como antes habíamos indicado. Sin embargo, llamó mi atención en dicho lectura, quienes ocuparon otro solar en esta calle:

“En un solar de la calle que nos ocupa, se estableció en su origen el convento de Santo Domingo, con el título de San Juan Bautista, solar que fue donado por el capitán Diego de Agüero, según el testimonio del General M. de Mendiburu, y en 1540 se trasladó a otro local, más espacioso, en la calle que ocupa actualmente, con el nombre de Nuestra Señora del Rosario (1)”.

He buscado información adicional sobre este punto, pero no he encontrado algún dato que corrobore que en esta calle se estableció en su origen, el Convento de Santo Domingo. Tema para seguir investigando.

No hay que dejar a mencionar la versión de Ricardo Palma sobre el nombre de esta calle. En su tradición “La Faltriquera del Diablo” indica:

“Cuando la Inquisición celebraba auto público de fe, colocábase en la esquina de la que con ese motivo se llamó calle de Judíos un cuadro con toscos figurones, que diz representaban la verdadera efigie de los reos, rodeados de diablos, diablesas y llamas infernales”.

Siglo XIX

Demos un salto en el tiempo, para ver que negocios que se establecieron en dicha calle:

Allí, de 1813 a 1838, existió una imprenta, llamada de La Patria, de la que fue propietario el famoso impresor y tipógrafo, don Tadeo López, a quien premió con una medalla de oro y brillantes, la ilustre Municipalidad de Lima en el citado año de 1813 por haber hecho, en esta capital, con todo éxito, el primer ensayo de fundición tipográfica que se intentara en Sudamerica….  Y en la citada imprenta, fue que editó Pópez, durante el año de 1813, siendo Virrey Abascal el diario político El Peruano Liberal, que, por lo incendiario de sus artículos en medio mismo del régimen autocrático en que naciera, no alcanzó larga vida y murió a las pocas ediciones que de el se publicara (1)”.

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Calle de los Judíos. Eugenio Courret. 1863

Seguimos andando en el tiempo, y vemos que el comercio sigue incrementándose en dicha arteria:

“Allí existieron, también, hasta el año de 1871, en que se verificó la completa refacción de nuestra Iglesia Catedral, siendo presidente de la República, el coronel don José Balta, las covachuelas de las gradas de dicho templo (4) que se extendían desde la puerta del Perdón hasta la de los Judíos, dando el aspecto de ranchería miserable a ese lado del referido edificio”.

…..

Allí tuvieron sus almacenes y depósitos comerciales los señores Denegri hermanos (Don Aurelio, Don Pedro, Don Félix, don Eugenio y don Manuel Denegri), los que, durante el año de 1878, se quemaron totalmente, hecho fortuito que contribuyó eficázmente al atraso primero, y liquidación mas tarde de esa importante firma social peruana en Lima.

Alli, tuvieron asimismo sus oficinas, en 1876 la compañía de seguros contra incendios y riesgos marítimos, nombrada Lima, que cuenta al presente con cuarenta y cuatro años de vida y ahora se encuentra ubicada en la calle de Coca (1)”. 

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Fuente: Blog “Lima La Unica”

Hacia fines del siglo XIX, podemos encontrar los siguientes negocios: la Ferreteria A. Ledent y Cia., (Judios # 94); Moses y Cia., que se dedicaba al rubro textil y Federico Porta quien también se dedicaba a la venta de telas.

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Siglo XX

Avanzamos en el tiempo:

“Allí, hasta el año de 1914, en que se trasladó a su nuevo local, calle de Coca, tuvieron sus Cajas y oficinas el Banco Alemán Trasatlántico, que fundó en 1910 don Carlos Rischard (1)”. 

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Fuente: Postal Vintage Perú-Lima ( Ebay)

“Allí, por último, tienen actualmente sus almacenes de pasamanería los señores Oeschle y Klinge y Cia.; sus oficinas comerciales los señores J. Guida y Cía., Lino de la Barrera y Alfredo Otero y en la esquina que da a la fachada de la Catedral y Club de la Unión se encuentra ubicado el Hotel de Francia e Inglaterra. (1)”.

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Calle Judios esquina con calle Melchormalo – 1905″ Fuente: Página “Fuentes Fotográficas Peruanas”. Fotografía publicada por Jorge Ben Avid Aramburú.
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Calle de Judíos, costado de la Catedral
E. del Aguila. 1918

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Foto: Estudio Courret

Siglo XXI

Hoy en día, casi después de cinco siglos, la ex calle de los Judíos, hoy 2da cuadra del jirón Huallaga sigue dedicándose al comercio. A su inicio encontramos una chicharronería (“El Chinito”), luego una zapatería (“Passarela”), un local comercial que está desocupado (en venta o alquiler dice un letrero), dos galerías comerciales (“Limeñita” y “Catedral de la Moda”) cuyo rubro es vestidos para novias y otros pequeños negocios.

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De estilo arquitectónico completamente irregular, esta céntrica calle limeña ha perdido su encanto de siglos pasados, aún cuando conserva dos hermosos balcones en su acera derecha y en el lado izquierdo, la fachada lateral de la Catedral, incluyendo la portada que le dio nombre a la calle aún cuando ya no existan las pinturas.

¿Qué le deparará el destino a esta calle?

NOTAS

(1) Revista Mundial N° 19 Año I del 03 de setiembre de 1920.

(2) FRANCISCO DE ECHAVE Y ASSU. “La estrella de Lima convertida en Sol”. Ambares, 1688.

(3) COBO Bernabé. “Historia de la fundación de Lima”. 1882

(4) Indica el Sr. Jenaro Herrera en su artículo para la Revista Mundial: “Así se llamaron a unas excavaciones hechas bajo del cementerio de la Catedral, separadas por si por muros techados de madera, y por encima recubiertos de ladrillos; formándose en esa cavidad cuartitos o covachas separadas con tabiques de madera: los camarotes que así resultaban fueron tan pequeños que en ellos no podía caber sino una persona; y de aquí que se les bautizase con el nombre despectivo de covachuelas.

BIBLIOGRAFIA

  • LEONARDO MATTOS-CARDENAS. “Lima y La Plaza de Armas – Historia y aportes de Emilio Harth-Terré”. Lima. 2017.
  • REINHARD AUGUSTIN BURNO. “El damero de Pizarro – El trazo y la forja de Lima”. Municipalidad de Lima. 2017.

LAS ESCULTURAS DE “LAS CUATRO ESTACIONES” DEL PALACIO DE GOBIERNO DE LIMA

Un escultor poco conocido en Lima es RAMON MATEU MONTESINOS, nacido en Valencia (España) en 1891. Vivió unos años en nuestro país, en donde ha dejado, entre otras obras, unas esculturas que representan a LAS CUATRO ESTACIONES, las cuales se encuentran en el Palacio de Gobierno.

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Fuente: Página web Ecured

Acompáñenme a conocer un poco mas sobre este artista así como de sus obras, entre ellas, “Las cuatro Estaciones”.

EL AUTOR

Ramón Mateu Montesinos, nació en Valencia (España) y fue un artista que viajó mucho entre España, Estados Unidos y Cuba. Justamente en este último país conoce a Rafael Larco Herrera quien al mostrarle unos retratos y acuarelas indígenas, despierta el entusiasmo en Mateu de conocer nuestro país.

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En 1927 visita nuestro país después de haber estado en Cuba, con el propósito de conocer Cuzco. Allí realiza varias esculturas de cabezas entre las que podemos citar: El Amauta, Cantuta, El Keshua, Chola cuzqueña, Yupanqui y La virgen india.

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Revista Caras y Caretas del 30.12.1933 – Buenos Aires.
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Revista Caras y Caretas del 30.12.1933 – Buenos Aires

Ese año expuso en el Palacio de la Exposición (aunque originalmente iba a realizarse dicha exposición en los Salones del Palacio Municipal), con la presencia del Presidente de la República, don Augusto B. Leguía y entre sus obras expuestas estuvieron: La primavera, Niños para una fuente, Maria Rosa du Bois de Olaechea, Mi chinita, Venus valenciana, Boceto de estatua de Carrión, los seis grupos de indigenas realizados en el Cuzco, Cristo en la cruz, Retrato de Leguia, doña Maria Larco de Dogny, Rafale Larco Herrera, Despertar, Angelina y las Mascarillas de Beethoven, San Juan y el Busto de Manuel Augusto Olaechea.

Ademas, realiza en Lima el busto de Augusto Perez Aranibar, el cual se colocó en el patio del Hospital Arzobispo Loayza.

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Museo de Medallística “Enrique Giner” Esculturas. Vicent Felip Sempere – Juan Carrión Miró
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Museo de Medallística “Enrique Giner” Esculturas. Vicent Felip Sempere – Juan Carrión Miró

En el Perú, tenemos obras de Mateu en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores (Torre Tagle).

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El Arte de Torre Tagle
LA COLECCIÓN DEL MINISTERIO DE
RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ
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El Arte de Torre Tagle
LA COLECCIÓN DEL MINISTERIO DE
RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ

Las esculturas de “LAS CUATRO ESTACIONES” en el Salón Tupac Amaru del Palacio de Gobierno

En 1928 viaja a España, con encargos que le habían hecho en Lima como por ejemplo “Las cuatro estaciones”, las cuales se colocarían en los nichos del actual Salón Tupac Amaru. En una foto de la época se puede ver el Salón Pizarro (llamado así en ese entonces), con las ornacinas vacias.

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Estas esculturas se hicieron por encargo directo del Presidente de ese entonces, don Augusto B. Leguia. Además recibió el encargo de hacer un busto del Presidente, por lo que se llevó a España un molde en yeso de su cabeza.

Moreu regresa al Perú en Enero de 1930 trayendo personalmente sus esculturas que representan a las Cuatro Estaciones. Son semidesnudos vaciados en bronce, que representan a cada una de las estaciones del año.

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Revista Mundial # 500 del 18 de Enero de 1930

A continuación la descripción que de cada una de las estatuas hace la Revista Mundial en su edició # 500 del 18 de enero de 1930:

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“La de la Primavera parece inspirada en el arte griego del siglo V. Es una concepción aristocrática de exquisita ejecución, un brote de vida hecho mujer, hecho euritmia, hecho anhelo y fuente de amor”

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“Para interpretar el Verano, Mateu ha dotado a su segunda figura femenina con forma de una opulencia que de ningún modo se aparte de la gracia, y con un haz de espigas surgidas gallardamente de la madre tierra”.

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“La figura del Otoño es quizá la más vigorosa de las cuatro. El año pasadoobtuvo en Valencia el primer premio en la Exposición de Arte de Levante organizada por la Sociedad Nacional de Turismo cuyo presidente es el conde de Guell. Bello, fuerte, armonioso desnudo que lleva en el hombro los ópimos frutos del calor y del trabajo”.

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“Traduce Mateu el Invierno en una cuarta figura que se repliega en si misma para defenderse de la acometida cruel del gélido ambiente. El escultor la ha cincelado toda para darle el aspecto de la piel que temblorosa se contrae”.

 

Esta es la historia de las cuatro esculturas que actualmente se encuentran en el Salón Tupac Amaru del Palacio de Gobierno, obra del escultor español, Ramón Mateu Montesinos.

 

FUENTES:

  • VILLEGAS TORRES, Fernando. “Vínculos artísticos entre España y Perú (1892-1929): Elementos para la construcción del imaginario Nacional Peruano”. Madrid. 2013.
  • GUTIERREZ, Ramón. Artículo “Un gran artísta español RAMON MATEU”. Publicada en la Revista CARAS Y CARETAS del 30.12.1933. Buenos Aires.
  • El Arte de Torre Tagle – LA COLECCIÓN DEL MINISTERIO DE RELACIONES  EXTERIORES DEL PERÚ
  • Museo de Medallística “Enrique Giner” Esculturas. Vicent Felip Sempere – Juan Carrión Miró
  • Revista Mundial # 500 del 18 de Enero de 1930.

LOS ARCOS DEL PUENTE

Seguimos leyendo el interesante libro “Rimac – Barrio limeño de abajo del Puente” de Ricardo Mariategui Oliva, impreso en el año 1956, que, como ya les había comentado, tiene gran cantidad de información sobre el barrio bajopontino.

Y un tema muy interesante que he encontrado es lo referente a los arcos que sobre el Puente de Piedra hubieron. Por su importancia, lo comparto.

ARCOS A LA ENTRADA DEL PUENTE

PRIMER ARCO TRIUNFAL

En la segunda mitad del siglo XVI se construyó el primer arco triunfal que tuvo la ciudad a la entrada misma del puente.

Enterado el Cabildo (Octubre de 1560) de la “próxima llegada” del nuevo Virrey, se acordó para su recepción levantar “un arco de adobe blanqueado y pintado” a la entrada del puente que construyera el Segundo Marqués de Cañete.

Esta medida se adoptó para que quedara “como obra permanente”, pues habian sido “de lienzo” los que hasta entonces se lucieron en las calles con motivo de las grandes festividades.

Se encargó de todo lo conveniente al Mercader Diego de Palencia.

Y el dia 17 de abril de 1561 el Virrey Conde de Nieva hizo su entrada a la Plaza Mayor de Ciudad de los Reyes, habiendo pasado antes por el Puente y bajo el Arco levantado en su honor.

Al lado de este arco (que miraba a la actual calle de Palacio y antes llamada de Fierro Viejo) el mismo Virrey autorizó en 1562 para que allí se colocaran 9 cajones donde los “mercachifles y buhoneros” vendieran sus mercaderias Y también ordenó que el “Rollo” fuera quitado de la Plaza y se colocara en dicho lugar.

En 1596, con motivo de la llegada del nuevo Virrey, el Cabildo dispuso la pintura del arco. Y así se recepcionó dignamente al Marqués de Salinas, con quien finalizaría el siglo XVI y el reinado de Felipe II.

Este arco se conservó hasta 1607, siguiendo en su destrucción al mismo puente.

SEGUNDO ARCO

En el primer decenio del siglo XVII, nuevo puente y nuevo arco se construyeron. Fue el arco triunfal que a la entrada del puente, se inauguró en 1611.

Este arco de ladrillo, de gran tamaño, fue también construido por el Maestro Juan del Corral; ostentaba en la hornacina, sobre la arcaa una imagen en bulto de Nuestra Señora de Belén, dando frente a la calle de Palacio, y “dos torrecillas de remate” al Barrio de San Lázaro. En los muros lucianse inscripciones en latin relativas a la construcción del puente, con los nombres del Virrey, Comisarios y Maestro que intevinieron.

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Grabado coloreado basado en la pintura de Fernando Brambila, colaborador de la expedición de Alessandro Malaspina. c. 1793

Pero si la obra del puente fue sólida, no lo fue en cambio la del enorme arco triunfal a su entrada.

En septiembre de 1812 un fuerte temblor hizo su impacto en este arco, originando desde entonces hasta el 10 de octubre de 1614 la intervención del Cabildo y opiniones de alarifes y de varias personas, de las cuales y a mérito del análisis de la obra misma, resultó muy mal parado el Maestro Juan del Corral, porque el defecto del arco era de fábrica.

Encaminado el arco por los Alarifes de la Ciudad, maestros de albañilería Pedro Velasco y Diego Guillén, estos dijeron (3 de Octubre) que “la rosca del arco no tiene daño alguno mas de que por las molduras de arriba en las esquinas está algo quebrantado” y que la causa se debía “a los remates que cargan sobre las dichas esquinas”.

La opinión después de una “vista de ojos” (5 de Octubre) del Maestro Mayor de la obra de la Catedral, Juan Martínez de Arona: “estar abierto desde la rosca del arco, hacia el cornizamiento”, que no consideraba de importancia se quitaran los dos remates, por cuanto el daño provenía de “algún asiento en los cimientos del arco” y recomendaba “se estribe el arco por parte de abajo”. Se acordó realizarlo.

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Lima y el puente sobre el río Rímac.
Grabado coloreado publicado originalmente en
Travels in South America, during the years 1819-
1821. Por Alexandre Caldeleugh. Londres, 1825

El Procurador General Martí Pizarro solicitó del Cabildo ese mismo año que “por estar tan mal fabricado y cimentado” había que derribarlo; pero se opuso el Alcalde Ordinario Bartolomé de Osnayo Velasco.

El 14 de Julio de 1614, Don Nicolás de Rivera y Avalos en petición al Cabildo, recordó las anteriores intervenciones y como, de conformidad a “entendidos en arquitectura” debía derribarse “por ser el daño en los cimientos” y por tanto irremediable, pues “se fundaron en tierra movediza y estiercolina que hubo allí y casi en la superficie de la tierra” por cuya “causa estandose labrando el dicho arco se quiso caer y se hendió como constara por la misma resquebrajadura” que entonces había salido a relucir; de ahí que pedía se derribara el arco, antes que sucediera de por si, para evitar que “lo males y desgracias” fueran mayores.

El Cabildo comisionó (5 de Septiembre) a Don Nicolás de Rivera y Avalos paa que se encargara de lo referente a estado del arco y que informasen los Alarifes de la Ciudad Francisco Vásquez de Castillo y Diego Guillén; y días después (10 de octubre) don Nicolás expresó una vez mas que, siendo “mal fabricado e imperfecto de arquitectura a decir de testigos y con falsos cimientos” no debería conservarse un día mas.

Fue reparado todo el arco, debidamente asegurado y quitándosele los remates.

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Escena en el Puente de Piedra
Óleo de Mauricio Rugendas, 1844

Mientras tanto, quienes estaban cerca al Arco del Puente, ni se movieron. Los “buhoneros y mercachifles” allí continuaron vendiendo en mesas sus “menudencias”. y como en 1606 siendo Alcaldes Ordinarios Diego de Portugal y Lope de Mendoza “proveyeron auto prohibiendo”, el Procurador General Dr. Gutierrez Velázquez Altamirano lo recordó  en el año que estamos en materia de análisis del arco, acordándose dirigirse al Virrey para su cumplimiento. Se consiguió, mediante el auto del 15 de Septiembre de 1614.

Y así se pusieron a buen recaudo, porque el estado del arco era realmente deplorable y peligraba ruina. ¡Pero pasaría un siglo para destruirse!

RESTAURACION Y RUINA

En 1738 el Virrey Marqués de Villagarcía restauró este macizo arco, salvándolo de total ruina. En la parte superior, encima del templete de la Virgen, se colocó una estatua ecuestre de Felipe V, ejecutada por el genial escultor mestizo limeño Baltazar Gavilán.

En carta dirigida al Rey de España por el Conde de las Torres, afirmaba éste, sobre el Arco, que “no cedía al del Real Palacio de Madrid en el primor de su arquitectura, magnitud y solidez”.

Sensiblemente, el terremoto (a horas 10 y 30 a.m.) del 28 de Octubre de 1746 destruyó totalmente al arco, y la estatua quedó hecho pedazos.

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Arco del Puente.
Imagen costumbrista hacia 1840

NUEVO ARCO

El Virrey Conde de Superunda reconstruyo en 1752 el arco, colocando en el remate una estatua representando al inexorable tiempo. Intervino en la dirección de las obras el Alcalde Ordinario Don Pedro Boza Guerra de la Daga Marqués de Casa Boza.

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Arco del Puente. Fuente: Blog “Lima La Unica”

ULTIMO ARCO TRIUNFAL

En 1771 el Virrey Amat modificó el arco anterior, con vistosas torrecillas extremas y un gran reloj iluminado con gas de doble esfera transparente (había sido del Colegio de San Pablo, de los PP. Jesuitas). Y, en su conjunto, del gusto de la época, barroco frances o “rococó”.

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Arco del Puente. Fuente: Blog “Lima La Unica”

Proclamada la libertad del Perú, fue colocado en el tímpano del frontón de remate central un altorelieve valioso con el sacrosanto Escudo de la Patria.

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Arco del Puente. Fuente: Blog “Lima La Unica”

Y así se conservó hasta los días aciagos de la Guerra del 79, que, por un incendio, que se inició a las 2 de la madrugada en la contigua “Pastelería del Puente” de propiedad del catalán Antonio Allemany, quedó arruinado.

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Revista “La Ilustración Española y Americana”. Madrid, 30 de Mayo de 1879
El Arco del Puente 07
evista “La Ilustración Española y Americana”. Madrid, 30 de Mayo de 1879

Y el Puente se quedó sin Arco Triunfal.

LA CAPILLITA DEL PUENTE

Transcribo aquí una parte del libro de Ricardo Mariategui Oliva titulado “El Rimac – Barrio limeño de Abajo del Puente – Guía histórica y artística”, publicado en 1956, en donde describe, incluyendo muchos datos y fechas, la historia de la Capillita del Puente.

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“Capillita del puente” es la denominación que todos los vecinos han dado a la que hoy se presenta, cual si fuera verdaderamente una Iglesia, en toda la expresión del vocablo y propiamente aquella.

Mucho se ha hablado de esta hermosa y pequeña capilla. Tanto que hasta se ha dicho haber sido la “primera Iglesia que se construyó en Lima” y de que fué en ella “donde se celebró la primera misa pública” al fundarse la Ciudad de los Reyes.

Ni lo uno ni lo otro. Todo debido a inventiva popular, y, muy especialmente, a los cambios experimentados por las “consejas” de antiguos pobladores del barrio, al ser transmitidos de generación en generación, a través del tiempo.

Nada existe referente a esta capilla, consignado por los Cronistas quienes fueron tan meticulosos en sus descripciones relativas a cuanta edificación religiosa existió, llámese tal, ermita o iglesia.

Basándome en antiguas anotaciones de familiares, consignadas en privados cuadernos relativos a sus propiedades, en tiempos que residieron como tales en este barrio limeño de tanta remembranza, me permito expresar al respecto cuanto conozco, agregando otras veraces informaciones y escrituras. Considero que así, al fin, reluce la verdad respecto a tan sagrado como venerado recinto.

A mediados del siglo XVII, gobernando el Virrey Garcia Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra, llegó al Perú, procedente de España un ilustre caballero, que entre sus muchos títulos ostentaba nada menos que el de Duque del Infantado y perteneciente al Mayorazgo de la distinguida familia de los González de Mendoza.

Establecido en Lima, adquirió propiedades en el Barrio de San Lázaro, avecinándose y ostentando en la portada de su mansión, el escudo nobiliario, por ser “de prosapia” y “de solar conocido”. De acuerdo a su estirpe, efectuó la adquirisión en el Camio Real de Trujillo, ocupando precisamente terrenos donde está actualmente la capilla.

Ella no existía, ni siquiera como ermita, mas si había un tambo (que entró a formar parte de tales dominios) y en él, una imágen de Nuestra Señora del Rosario, que era motivo de adoración por los vecinos.

Teniéndolo en cuenta, al construir su heredad consideró espacio conveniente para que esta advocación continuara venerándose, y, con tal motivo logró, por autorización, que su “capilla privada” tuviera puerta a la calle para que fuera de fácil acceso a los devotos.

Con posterioridad se renovaría la casa, seguramente, porque dejó de tener comunicación con la capilla; y ésta fué cedida como capellanía a los dominicos, teniéndose entonces un Mayordomo encargado de su culto. Fué refaccionada, y de ahí que exista delante del retablo mayor (cubierta por vieja alfombra) una placa de berenguela con inscripción “Juan Calorio 1800”.

En 1804 se efectuó una rstauración -según referencias del Dr. Domingo Angulo- ampliándose la actual sacristía a expensas de las casas vecinas. Fueron llevadas a cabo por el citado Mayordomo y el Capellán P. Pedro Noriega, O.P.

En con este motivo que aparece una escitura de donación. D. Manuel de Odriozola afirma, por fecha de ella “que hizo la señora dueña del solarcito en que se edificó la iglesia, consta que seis años después de delineada la ciudad fue cuando se procedió a su fábrica”. Con las debidas salvedades del caso, ante tales expresiones y de conformidad a lo que manifiesto con relación al Barrio, resultaría así que el erroe se debe al momento de dicha donación, para la restauración de la capilla. En tal escritura intervinieron (22 de Diciembre de 1804) los señores Calixto, Joaquín, y Lucas González de Mendoza, herederos del primer propietario mencionado.

Nuevas refacciones en 1878, 1896 y últimamente, con motivo de los daños que sufriera por el terremoto de 1940, en esta capilla que ocupa una extensión aproximada de 50 metros cuadrados como máximo.

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En su retablo mayor se venera una antigua imagen de Nuestra Señora del Rosario.

Interesante en todo su conjunto, por cuanto sus paredes y cubiertas están ornamentadas y en colores, en relación con la advocación que ostenta, pues también se le llama Capilla del Rosario; y no obstante su diminuta área, cuenta con coro y su melodio, púlpito y otros retablos sus imágenes igualmente antiguas y un cuartito que sirve a la vez de sacristía y confesionario.

Santuario digno de conservarse, ya que constituye uno de los lugares devotos más antiguos del Rimac.

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Comentarios:

  • El terreno que actualmente ocupa no es rectangular como generalmente se indica (Se dan medidas de 8 mt x 10mt ó 8 mt x 12 mt). Como puede apreciarse en el levantamiento realizado por la Universidad Nacional de Ingeniería, su planta tiene forma de T.
  • Debe ser la Iglesia mas pequeña del Perú. Sin embargo a nivel mundial, existen iglesias mas pequeñas.

 

FUENTES

(1) RICARDO MARIATEGUI OLIVA. “El Rimac – Barrio limeño de Abajo del Puente – Guía histórica y artística”. 1956. Obra patrocinada por el Rotary Club del Rimac.

Un cuadro viajero: LOS FUNERALES DE ATAHUALPA

Leyendo periódicos antiguos en una de las bibliotecas de Lima, encontré la siguiente nota:

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Diario El Comercio del 10 de diciembre de 1884

Y la curiosidad me llevó a leer sobre la historia de este cuadro, que resultó, como la Estatua a Cristobal Colón, ser una obra de arte viajera. Acompáñenme a conocer un poco mas de la historia (y su periplo) de este magnífico cuadro: “Los funerales de Atahualpa”, de Luis Montero.

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EL AUTOR

Luis Montero Cáceres fue un pintor nacido en San Miguel de Piura, un 07 de octubre de 1826 fecha deducida por la información que se consigna en la copia de la partida de bautismo que obra en la Biblioteca del MALI, donde se indica que el pintor fue bautizado el 08 de octubre de 1826 “de un día de nacido”. Sin embargo, muchas biografías dan como fecha de nacimiento el 08 de octubre, día en realidad de su bautismo.

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Sobre su vida, un resumen publicado en la Revista “El Perú Ilustrado” # 142 del 25 de enero de 1890:

“Luis Montero hizo sus estudios en el colegio de San Miguel de Piura cuyo rector era el Dr. José Domingo Almestar, más tarde Obispo de Trujillo. Contaba 17 años el joven Montero, cuando en 1845 se trasladó a esta capital, empleándose como dependiente subalterno en la casa comercial de los señores Dorea y Barreda, de donde se separó en 1847 para ponerse al frente de un establecimiento mercantil en la ciudad de Ica.

Pero, no era la vocación de Montero la de los números ni la del comercio, y pronto se convenció, para gloria del país, que el arte lo solicitaba con incesantes inspiraciones, y regresó a Lima para matricularse en la Escuela de dibujo dirigida por el ilustre pintor Merino (1)”.

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Debido a una enfermedad regresa a su natal Piura, pero con una meta: viajar a Europa. Gracias al apoyo de su amigo Manuel Ascensio Segura (que servía en la secretaria de la prefectura de Piura) consigue que el prefecto coronel don Joaquin Gonzalez, eleve una solicitud de apoyo al gobierno, obteniendo una beca que incluía una pensión de cuatrocientos soles por el término de cuatro años.

Viaja pues, a Europa con apoyo del gobierno, y entre 1848 y 1850 realiza estudios en Florencia con los maestros Giuseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini y luego de catorce meses envía al gobierno su primer ensayo: “El arrepentimiento de Maria Magdalena”. Regresa al Perú y obsequia al gobierno sus obras “El Perú libre” y “La matanza de los inocentes”. Un nuevo viaje lo lleva a Italia y Cuba, para regresar al Perú en 1859. Viajero incansable, en 1862 nuevamente emprende un viaje a Italia, para no volver al Perú hasta 1868 con su gran cuadro “Los funerales de Atahualpa”.  Se queda a vivir en su patria hasta que, “en enero de 1869 se muda al Callao con el propósito de pintar, en el mismo lugar en que se realizó el combate del 2 de Mayo, un gran cuadro que contribuyese a perpetuar esa histórica jornada. Pero fue atacado de fiebre amarilla y, conducido al hospital de Guadalupe… El 23 de marzo dejaría de existir. El Comercio diría un día después, en su sección Crónica Interior: Ya en su lecho de dolor, tuvo Montero la satisfacción de recibir el domingo último de manos del señor general Buendía, la medalla con que el Congreso Nacional, premiaba su talento artístico. Sus restos fueron trasladados a la capital, en la misma noche, a fin de ser velados en ambiente familiar. Así acabó quien a pesar de no haber tenido una vida longeva, ocupa un lugar destacado en la historia de la cultura del Perú (2)“.

LAS OBRAS DE MONTERO

Como es de esperar, en sus cortos 43 años de vida, no tuvo una abundante producción. A continuación algunas de sus obras, las cuales se pueden apreciar en el MALI.

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Fuente: Pagina web del MALI
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Fuente: Página web del MALI

LOS FUNERALES DE ATAHUALPA

El cuadro es de gran formato: tiene 5.30 mt de largo por 3.50 mt de alto. Recrea un pasaje del libro de Guillermo Prescott “Historia de la Conquista del Perú”, en la cual se narra que durante las exequias llevadas a cabo en la Iglesia de San Francisco “interrumpieron la ceremonia muchos gritos y sollozos que se oyeron a las puertas de la iglesia, las cuales abriéndose de repente, dieron entrada a un gran número de indias esposas y hermanas del difunto… (3)

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No es intensión de estos apuntes una descripción desde el punto de vista artístico del cuadro. Sin embargo, adjunto la suscinta descripción que hace el historiador del arte Sr. Alfonso Castrillón:

“Frente al dinamismo de la izquierda, llama la atención la horizontalidad que se advierte en el derecho. Las mujeres del Inca luchan por acercarse a su cadaver, pero los soldados se lo impiden; también los curas que hacen el eje con la columna. La diferenciación de los dos mundos está planteada: el nativo, reprimido (de rodillas o tendido) se ha quebrado como el candelabro del primer plano; lo español, de pie, hierático, inconmovible. Pizarro mira el futuro, mientras el Inca ha desaparecido para siempre (4)”. 

Una de las críticas que recibió el cuadro fue por la fisonomía de “las mujeres del Inca” las cuales tenían rasgos europeos.

“Los críticos enfatizaron el abismo que existía entre la representación del inca y de sus coyas. El Standard and River Plate News de Buenos Aires alabó los rasgos intensamente peruanos del inca muerto en contra de esas mujeres demasiado e incluso vulgarmente europeas. Mas que mujeres peruanas de raza imperial, decía otro crítico, son tipos italianos de los alrededores de Roma o de Florencia (5)”. 

Se sabe la identidad de la persona que sirvió de modelo para el inca: el arequipeño Francisco Palemón Tinajeros. En una carta del diplomático Luis Mesones indica: “El cuadro de que U., me habla es colosal y bastaría esa sola obra para formar la reputación de un pintor de mérito. El cuadro representa la muerte de Atahualpa, y como Montero tenía necesidad de un indio muerto para simbolizar esta figura, copió al pobre Tinajeros antes de que lo pusiesen en su cajón (5)“.

EL PERIPLO DEL CUADRO

Montero había pintado su lienzo en Florencia durante seis años (incluyendo el tiempo de investigación) con la intención de presentarlo a la Exposición Universal de París de 1867. La falta de recursos, sin embargo, le impidió transportarlo hasta Francia y debió exhibirlo al público en su propio taller.

“El Corriere Italiano, la Gazzetta del Popolo, el Corriere di Firenze, L´Opinione y otros, publicaron largos juicios críticos.

…..

El taller de Montero se llena de gente, de artistas y de conocedores. Vio entonces satisfecha en parte su aspiración: los amigos le felicitaban y los elogios no escaseaban.

El príncipe Napoleón y la Gran Duquesa María de Rusia estuvieron en su taller, y ambos deseaban que aquel cuadro figurase en la Exposición Universal: pero ya era tarde! (6)

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El destino del cuadro, según la voluntad de su autor, era el Perú. Y tuvo un increíble periplo que el artículo firmado por Vicente G. Quesada para la “La Revista de Buenos Aires” # 54 (Argentina) en su edición correspondiente a Octubre de 1867 describe:

“Se encontraba Montero con su cuadro, pero sin recursos para transportarlo a su país, que era su sueño……

El actual presidente del Perú supo la penosa situación de su compatriota y le mandó tres mil francos, con esta suma se transportó hasta el Brasil, donde desembarcó con diez duros!

Esta penuria lo obligó a exhibir su cuadro por dinero; para procurarse los medios de llegar a su país, pero el Perú está ahora en guerra civil.

En el Brasil, Montero ha sido perfectamente acogido. El Emperador y la familia Real visitaron el salón del teatro de San Pedro Alcántara donde exhibió Los Funerales de Atahualpa, y entraron a las diez deteniéndose hasta la una y cuarto. 

Los Ministros del Imperio, los mas altos personajes, muchos de los ministros diplomáticos han examinado esta inmensa tela, y el de Rusia ha hecho a Montero afectuosas demostraciones, felicitándole por su obra. Los diarios de Rio  Janeiro le han prodigado calurosos encomios. 

Los italianos residentes alli adornaron un dia con banderas el Salón de la Exposicion, y llamaron al artista. Seiscientas personas de ambos sexos estaban allí presentes; el Presidente de la Sociedad de Beneficencia Italiana don Pedro Rosisio, le dirigió un discurso y le presentó un álbum. Una banda de música hizo oir sus sonatas. 

Banquetes, composiciones poéticas y distinciones de todo género cosechó en la capital del Imperio.

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Diario de Rio de Janeiro del 15 de Julio de 1867

Brasil cayó rendida ante el cuadro y Montero.

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Diario de Rio de Janeiro del 28 de febrero de 1868

Esperaba el vapor Perú que debía llevarlo al Pacífico, y como no hay linea establecida no podía perder la ocasión. Anticipa su partida del Janeiro, de cuya población conserva el artista recuerdos muy gratos, y viene a Montevideo para tomar allí el pasaje.

La ciudad de Montevideo acoge al artista con entusiasmo: la prensa lo aplaude, y como en el Brasil numerosos juicios publican los diarios. 

Montero se procuraba recursos por la exposición de su cuadro para llegar a Lima con el fruto de su trabajo: cuéstale esto un sacrificio, pero no tiene recursos. Generalmente los artistas son pobres, y el señor Ugarte lo ha empobrecido mas.

Toma pasaje en el vapor Perú, cuando el público de la ciudad vecina frecuentaba mas el salón de la exposición: encajona el cuadro, desarma su magnifico marco y se embarca en una barca que lo lleva a bordo; pero en el vapor no hay sitio! Vanas reclamaciones, el pasaje tomado y pagado, nada basta para convencer al capitán que contesta: no hay lugar, no recibo mas pasajeros.

Vuelve Montero a la ciudad con sus dos inmensos cajones, para esperar qué? El mismo no lo sabe. 

Entonces viene a Buenos-Aires, trae su cuadro y lo exhibe en el gran salón que la benevolencia y la generosidad de los señores Fusoni y Maveroff ponen a su disposición. Innecesario creemos ocuparnos de las dificultades que el artista ha encontrado antes de la exposición; pero en fin, ahí está el cuadro! ¿Lo habéis visto?

Inútil es agregar una palabra mas: juzgue el que lo vea de aquello que salta a los ojos que todos conciben, porque es la verdad transmitida al lienzo, pero la verdad que sorprende y que admira.

Después del erudito y notable artículo de nuestro amigo y colaborador el doctor don Vicente F. López sobre este cuadro, juzgando filosófica é históricamente el asunto, la redacción de la Revista de Buenos Aires, no tiene nada que agregar.

Nos hemos ocupado del pintor y de las peripecias de su vida, porque Montero es un artista americano que honra a la patria de su nacimiento, y ya que la casualidad lo trajo a las playas de nuestro río, quede también en las columnas de esta Revista la sucinta historia de su vida.

Montero pasa un tiempo en Buenos Aires para luego regresar a Montevideo y ponerse , por fin, rumbo hacia el Perú.

“Montero embarcose en Montevideo, rumbo al Perú, en el vapor Pacífico, en compañía de su esposa y llevando su ya famoso cuadro. De su paso por Chile, tan sólo tenemos noticia, por un pequeño suelto aparecido en El Mercurio de Valparaiso, que al pie de la letra dice:

En el vapor Pacifico llegó ayer de paso para Lima, el distinguido pintor peruano don Luis Montero, que ha llamado mucho la atención en Rio de Janeiro y Montevideo por su gran cuadro original Los Funerales de Atahualpa.

En El Comercio del 14 de Setiembre de 1868 encontramos la primera noticia de la llegada al Perú de Montero con su cuadro y al darle la bienvenida, el decano dice:

Por último vapor ha llegado el artista nacional don Luis Montero. El señor Montero trae consigo su gran cuadro histórico Los Funerales de Atahualpa. Esta obra que ha aumentado mucho la ya bien establecida reputación de este hábil pintor, ha recibido los elogios unánimes de personas entendidas, tanto en Europa como en el Brasil, Uruguay y la República Argentina. Muchos opulentos aficionados han ofrecido al señor Montero comprarle el cuadro a buen precio, pero el artista ha rehusado siempre, a pesar de sus difíciles circunstancias, prefiriendo que su patria poseyese el gran cuadro que le ha costado más de cinco años largos de trabajo y estudio. El Gobierno apreciará en lo que vale la conducta patriótica de señor Montero (7)”.

El cuadro ya estaba en Lima. Era el 12 de septiembre de 1868.

EL CUADRO EN EL PERU

Pero el gigantesco cuadro seguiría haciendo historia y, viajando.

Se exhibió originalmente en la Escuela Normal desde el 26 de septiembre de 1868. Paralelamente, Montero eleva un recurso a las Cámaras legislativas obsequiando su cuadro, aún cuando había recibido varias ofertas de compra. No hay duda que su deseo era que el cuadro quede en el Perú. Finalmente, el Presidente José Balta firma un decreto donde acepta la donación del cuadro al Congreso, le otorga una medalla de oro a Montero, da una recompensa de 40,000 soles y ordena colocar el cuadro en el salón de sesiones del Congreso.

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Charles Edward Bryant. Prueba de la medalla otorgada a Luis Montero por el Congreso de la República, 1868-1869. Bronce, 6,7 cm. diámetro. Museo Numismático, Banco Central de Reserva del Perú (8).

En marzo de 1869 el cuadro es trasladado a la Biblioteca Nacional, lugar en donde estaría muchos años. Allí lo vería el poeta nicaraguense Ruben Darío, cuando fue a conocer a don Ricardo Palma. Así lo relata: “Frente a la puerta de su oficina me detuve un momento, para admirar el célebre cuadro de Montero, La Muerte de Atahualpa“.

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Revista “La Ilustración” # 530 – Barcelona – 28 de diciembre de 1890

El cuadro continua con sus viajes esta vez en Lima. En 1872 es trasladado al Palacio de la Exposición para su exhibición en la Exposición Nacional, lugar donde, luego de concluida la exposición, quedaría en exhibición.

Llega el año 1881, año en que nuestra ciudad es invadida por los vecinos del sur. El cuadro nuevamente emprende un nuevo viaje, llegando a Santiago en junio de dicho año, en donde se exhibe en el Museo Nacional de reciente inauguración.

Este no fue el único lugar donde estuvo en Santiago de Chile, ya que acorde con la descripción que en 1884 hizo el norteamericano Albert Browne en Journal of the American Geographical Society of New York, una prestigiosa revista decimonónica de geografía, en el hall del senado chileno se encontraba “una muestra de pinturas y estatuas, ninguna de gran mérito, algunas saqueadas de Lima”, dentro de cuyas obras se identificó la conocida pintura de Los Funerales de Atahualpa” (9).

Lastimosamente hay muy poca información sobre el pedido de repatriación del cuadro. Se sabe que fue por gestiones del Ministerio de Relaciones Exteriores y principalmente por la gestión de don Ricardo Palma ante su amigo el Presidente chileno Domingo Santa María, que obtuvimos la devolución del cuadro.

Así anunciaba el diario El Comercio la noticia, con un poco de incredulidad:

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Diario El Comercio del 10 de diciembre de 1884

Finalmente un 03 de enero de 1885, nuevamente retorna a nuestra país el cuadro de Montero.

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Diario El Comercio del 08 de enero de 1885

“Los Funerales de Atahualpa” pone fin a su largo periplo.

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En 1892 se decide trasladar el cuadro al Palacio de la Exposición en donde es exhibido hasta la actualidad.

El 9 de mayo de 1964 “se desata un incendio en la segunda planta del Museo de Arte de Lima. El cuadro no es alcanzado por las llamas, pero sufre algunos daños a causa del agua lanzada por los bomberos para apagar el incendio. El lienzo es restaurado en un taller fuera del museo por un equipo liderado por el pintor José Gutierrez Infantas (8)”

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Instalación del cuadro en las escaleras principales del Museo de Arte de Lima en marzo de 1966, tras ser restaurado por José Gutiérrez Infantas. Fotografía de archivo de La Prensa, cortesía de Luis Eduardo Wuffarden (8)

Desde el 2003 el Congreso de la República reclama la propiedad del cuadro, basándose en el decreto del Presidente José Balta. En dicho año, un congresista luego de encargar una investigación histórica, pretendió solicitar que la obra retorne al Palacio Legislativo. Como publicó El Comercio en su edición del 08 de junio del 2003 “esta iniciativa, resulta, por un lado curiosa y por otro, alarmante. Curiosa porque no parece haber razón alguna para que el cuadro salga de un museo y pase al Congreso….. ¿es función del Congreso mantener una colección de obras de arte? ¿tiene el personal especializado para conserva, catalogar y mostrar al público adecuadamente una colección? Y, mucho mas importante: ¿Es función del Congreso convertirse en una suerte de centro cultural? Felizmente la idea no prosperó. Pero…..

El 2006 nuevamente el Congreso intentó trasladar el cuadro hacia su local (inclusive lo comunicaron oficialmente), pero felizmente no se llevó a cabo dicha operación.

Hoy, después de la reapertura del MALI, podemos apreciar en toda su dimensión esta magnífica obra, que invitamos a visitar.

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Para concluir me quedo con una cita del segundo tomo de “Memoria del director del Museo Nacional de Historia” de 1921 Guierrez de Quintanilla, en donde indica:

“Los Funerales de Atahualpa: este cuadro, tan desdichado como su autor, peregrinó por mar y por tierra bajo signo adverso”.

Esperemos que el cuadro “Los Funerales de Atahualpa” asi como su autor, Luis Montero Cáceres, descansen en paz.

 

NOTAS

(1) Revista “El Perú Ilustrado” # 142 del 25 de enero de 1890

(2) MANUEL ZANUTELLI ROSAS. “Luis Montero”. Diario El Comercio del 12 de Julio de 1978.

(3) GUILLERMO PRESCOTT. Historia de la Conquista del Perú.

(4) NANDA LEONARDINI. Acercamiento plástico a la Historia del Perú contemporáneo: Los funerales de Atahualpa. Centro de investigación, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima (Perú). 2012.

(5) NATALIA MAJLUF BRAHIM, “El rostro del Inca. Raza y representación en Los funerales de Atahualpa de Luis Montero”.

(6) VICENTE G. QUESADA. “Luis Montero – Pintor peruano de la academia de Florencia”. Artículo publicado en la “La Revista de Buenos Aires” # 54 (Argentina).

(7) JUAN PORTAL. “Biografia y anecdotario del pintor peruano Luis Montero”. Artículo publicado en la “Revista Peruana Expresión”. Vol I – N° 4. 1939.

(8) MAJLUF, Natalia. “Luis Montero – Los funerales de Atahualpa”. MALI.

(9) ALBERT G. BROWNE, “The Growing power of the republic of Chile”, Journal of the American Geographical Society of New York 16, New York, 1884.

FUENTES:

  • MARCO I. CABRERA HERNANDEZ. “Luis Montero, Los funerales de Atahualpa y el academicismo del siglo XIX”. Conferencia Magistral del 11.02.2014 en la Biblioteca Nacional del Perú, San Borja, Lima.
  • MAJLUF, Natalia. “Luis Montero – Los funerales de Atahualpa”. MALI.
  • NOTA DE PRENSA. Congreso de la República – MALI. Una historia recuperada: “Los funerales de Atahualpa” de Luis Montero. 2010.
  • NANDA LEONARDINI. Acercamiento plástico a la Historia del Perú contemporáneo: Los funerales de Atahualpa. Centro de investigación, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima (Perú). 2012.
  • MILTON GODOY ORELLANA – “Ha traído hasta nosotros desde territorio enemigo, el alud de la Guerra: confiscación de maquinarias y apropiación de bienes culturales durante la ocupación de Lima, 1881-1883. Revista HISTORIA No 44, vol. 2, julio-diciembre 2011.
  • ROBERTO AMIGO. “Tras un Inca – Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero en Buenos Aires”. Telefónica.

La Iglesia de Santa Liberata en el Rímac: una crónica sobre su historia.

Leyendo el diario La Crónica, en su edición del 28 de marzo de 1915, encontré un artículo sobre una de las Iglesias mas antiguas del Rimac: Santa Liberata.

Quiero compartir con ustedes dicho artículo por su importancia histórica. Pueda que a lo largo de los mas de cien años de publicado hecho nuevos descubrimientos históricos sobre lo aquí indicado. Sin embargo, la crónica en general, creo, no pierde lo sustancial: la historia de la Iglesia de Santa Liberata.

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LA FUNDACION DE SANTA LIBERATA

El robo sacrílego – la ciudad de duelo – La ciudad de fiesta – La liberalidad del Virrey Obispo – ¿Quien fue don Diego Ladron de Guevara? – Los viejos tiempos – La fe – Consuelos y esperanzas que ya no existen.

“En vano me dirán que ando revolviendo cenizas enfriadas para siempre, y removiendo ruinas irreparables de todo punto… siempre se está a tiempo de desenterrar la raíz… . … trasplantarla a cualquier tierra buena para devolver a la flor el perfume y la frescura de los días primitivos.” Montalembert.

El 20 de mayo de 1713 se realizaba en el Palacio virreynal de Lima, una ceremonia muy común en esos tiempos: la compra de una area de terreno donde debía fabricarse una iglesia, y la donación de una renta especial al sostenimiento del culto. El comprador y donante, a la vez, era el mismísimo virrey del Perú, que rodeado de los dos cabildos eclesiástico y secular, de la Real Audiencia y de todos los magnates del reino, hacia extender sobre el infolio del Registro notarial la escritura correspondiente. El depositario de la fe pública que intervenía en la facción de los instrumentos era don Gregorio de Hurtazo.

¿Qué motivo determinaba al virrey a la erección de una nueva iglesia y al sostenimiento del culto con renta de su propio peculio?

El robo sacrílego

El 30 de enero de 1711, ocurrió en Lima un acontecimiento extraordinario y profundamente desgraciado en esa época. Un mozo calavera y audaz apellidado Hernando Hurtado de Chávez (1), que se asegura estaba entroncado con nobilísima familia, nada menos que con el conde de Cartago (2) habiendo penetrado a la iglesia del Sagrario, se sustrajo el píxide o copón donde se depositaban las sagradas formas, y que por ser de oro había tentado su codicia. Nadie advirtió durante ese día la desaparición del vaso sagrado, pero, en la mañana del 31, al ir el cura de la parroquia a extraer el copón para administrar el viático a un enfermo, advirtió la sacrílega sustracción, y acto continuo, lleno de espanto, corrió a dar cuenta al prelado arzobispal, que lo era entonces el Iltmo. Señor Don Antonio de Soloaga y a su señoría el virrey y que por rara coincidencia era también un obispo: don Diego Ladrón de Guevara.

Como el relámpago corrió la fatal nueva por toda la ciudad alarmando de manera tal al vecindario que a las pocas horas las campanas de todas las iglesias tocaban a muerto, y las rogativas públicas se exhibían por todas las calles donde grupos de pueblo acompañaban a los sacerdotes que, crucifijo en mano, buscaban el sagrado vaso.

Felizmente la iquietud del religioso pueblo no fue muy larga, pues a los dos días gracias a la astucia de un mercader catalán fue descubierto el ladrón, el que declaró el lugar donde escondiera píxide, al que solo faltaba una crucecita que coronaba la tapa y que también fue hallada.

Mendiburu asegura que el sitio donde estuvo enterrado el copón y las sagradas formas, fue cerca de un árbol de la Alameda de los Descalzos, opinión de la que también participa Córdova y Vivero, pero que difiere de la sostenida por don Ricardo Palma, que, habiendo consultado fuentes históricas muy apreciables, sobre todo la “Imagen política” de Peralta, asegura que el copón estuvo escondido en un altar de la sacristía de San Francisco y las formas enterradas al pie del árbol de la Alameda. Lo cierto es que llevado el ladrón para que indicara el sitio donde había ocultado la píxide, medroso y confundido, no acertaba a dar con el lugar de enterramiento, cuando éste fue marcado por un negrito esclavo que recordó haber visto días antes a este hombre escavando la tierra en ese sitio. La suspicacia del negrito fue premiada con el rescate, pagando, se dice, el Cabildo cuatrocientos pesos por su libertad. El sacrílego cayó en manos de la Inquisición y nadie volvió a saber de el. Probablemente murió en alguno de los húmedos y oscuros calabozos de las prisiones del Santo Oficio, porque en ningún auto de fe se encuentra su condena, según lo asegura Palma, que con tanta penetración y diligencia ha estudiado en “Los Anales de la Inquisición de Lima” los célebres procesos religiosos de entonces.

 El celo religioso de la época no podía permitir que acontecimiento tan trascendental y milagro tan portentoso fueran olvidados, y esta consideración unida al anhelo de desagraviar a la Divinidad ofendida, motivó la erección de una capilla en el sitio donde fueron halladas las sagradas formas, pues el terreno bendito donde se había depositado el Santísimo Sacramento ya no podía hollarse por ser alguno, sino destinarse a la adoración. Felizmente ocupada el trono virreynal un prelado de la iglesia, el pastor de Quito, que a nombre del Rey mandaba en sus vastos dominios del Perú. El virrey Obispo, con una gran liberalidad expidió un decreto para la fundación, ya no de una capilla como se pensó en un principio, sino de un templo, cuyo santuario se había de levantar precisamente sobre el terreno bendito de la Alameda, donde se realizara el milagro el 2 de febrero. Con tal fin el Obispo Guevara, otorgó con fecha 20 de mayo de 1713, la respectiva escritura de donación de un terreno adquirido ya por él en el costado izquierdo de la Alameda llamada de los Descalzos (2). La donación consistía en una basta area de terreno donde debía edificarse la iglesia y la casa parroquial con vastas dependencias y tal como se ve hasta hoy, que, gracias a Dios, conserva toda su fisonomía arcaica y es una de las pocas reliquias de nuestro pasado colonial.

El virrey Obispo no solo cedió terreno para la construcción, adjudicó también, y así consta de la citada escritura, una gruesa suma para la edificación del templo y sus dependencias, que, una vez construído, lo bautizó con el nombre de Santa Liberata, en recuerdo de la patrona de su tierra natal Siguenza en España.

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La consagración del nuevo templo motivó en Lima una grandiosa ceremonia religiosa. De todas las iglesias salieron en procesión hacia Santa Liberata, los santos patrones, acompañados por multitud de fieles y congregaciones y órdenes religiosas, la numerosa multitud acompañando las efigies se extendió por la vasta avenida de lo que hoy es la Alameda de los Descalzos y por sus calles laterales, ofreciendo un espectáculo edificante y una confusa mezcla de sonidos que los producian las chirimias, las musicas populares, los rezos en coro, los cánticos sagrados, los cohetes y petardos, y las letanias contestaban los fieles, el tronar de que entonaban las comunidades y que, a son unísono y cerrado, se repetían por los devotos. El hábil pincel de Teófilo Castillo ha perpetuado en un lienzo (3) una de las estancias de este solemne momento en que la devota Lima se desparramaba por la vasta avenida en procesión hacia Santa Liberata.

Y no faltaron en ese día las corridas de toros y los bailes de mogigangas y la celebración de los autos Sacramentales y el certamen de los togados doctores en los claustros de San Marcos, y las felicitaciones al Obispo Virrey, a quien se comparó con David, el rey celoso por la Casa del Señor y con Salomón, que edificó el Templo y tuvo los dones del mundo en las riquezas y poder y los dones del cielo en la sabiduría. Y Lima no durmió siquiera ese célebre noche, sus calles las recorrieron los andaluces, entonando moras sonatas entre cantos a la Virgen, y haciéndose oir por las lindas muchachas que los escuchaban detrás de las caladas celosías.

Diapositiva4Han pasado esos tiempos, en que la fe era un bendito pan que alimentaba el alma en su hambre de paz, de justicia y de consuelo y en que el temor de Dios escondía las pasiones  de los hombres, las mataba en veces y casi siempre las hacia inclinarse reverentes ante la virtud y la modestia. hoy que debemos declarar, por que así nos lo impone la cultura, que vivimos en un siglo de luz, miramos apenados las espesas tinieblas de la conciencia de los hombres que han hecho incierta su vida y han borrado de su corazón la caridad: esencia de la vida cristiana; y asi va el mundo, entre pompas y ruido, sonando los cascabeles de un eterno carnaval en que tras miles de disfraces los hombres se engañan, oyendo los gritos de desesperación de los desherados que ya no encuentran remedio….. porque les ha enseñado la moderna ciencia, que su vida es un accidente y que sobre él y en su contorno sólo reina la fatalidad. “La gran mayoría de os hombres dice Montalembert, está entregada al dolor y al sufrimiento no sólo físico sino también moral, pues el dolor es el primer pan del hombre y su primera necesidad el consuelo. Ahora bien ¿cuál de estos sistemas consoló jamás un alma fligida? ¿Cuál de sus doctores ha enseñado nunca a enjugar una lágrima? Desde el orígen de los tiempos el Cristianismo es el único que prometió consolar al hombre en las inevitables aflicciones de la vida, purificando las aflicciones del corazón; y el cristianismo es el único que cumplió su palabra. Los que tratan pues de sustituirle con sistemas y filosofías, los que quieran lanzarle del mundo, vean primero cómo lanzan de la tierra el sufrimiento y el dolor.” (4).

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Hoy la iglesia de Santa Liberata se alza sombría, desmantelada y pobre la pompa del culto se ha reconcentrado en otros templos y en otras prácticas, la limeña devota de antaño, no rueda su cabeza por las avenidas de los Descalzos, esa que amaba y creía, ha muerto, hoy está sustituida por la que no ama ni cree, y que rueda su carruaje o su automóvil cubierto de flores por las avenidas aristocráticas de la ciudad, y va al templo a lucir la toilet elegante que pone la nota de moda. Sólo el pueblo, el bajo pueblo como se le llama, conservando en medio de tanta ceniza una chispa de fe, ha vuelto a encender una llamarada iluminar ese célebre Santuario de Santa Liberata y tributar culto a Jesus Crucificado. He allí la causa de que en los días que corren haya vuelto a sonar este nombre arcaico de Santa Liberata y que las gentes del gran mundo se hayan preguntado ¿por qué esas romerías y esas procesiones? ¿por qué esos bautizos de palios y de estandartes? ¿Es que en medio de la triste enfermedad del astío del alma sin fe, brota, de cuando en cuando, como una desesperación o como un ensueño el recuerdo de los días de ayer, en que, como en el cuadro de Millet, se araba el abrojoso campo de la vida, pensando con recogimiento, en horas solemnes, en una eterna libertad y en una misericordia infinita hasta la cual llegaba la oración.

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El Iltmo. Señor don Diego Ladrón de Guevara, Obispo de Quito, nació en la ciudad de Balcagia en Siguenza, de padres nobles, pues estaba emparentado con los condes de Oñate y los duques del Infantado, estudió con notable aprovechamiento en la célebre Universidad de Alcalá de henares y se ordenó de clérigo, carrera por la que tenía verdadera vocación. Su clara inteligencia y su aplicación la hicieron ganar en un certamen la cátedra de Leyes en la Universidad y la silla de canónigo doctoral en la catedral de Siguenza, y después en la de Málaga. Nombrado en 1689 Obispo de Panamá, al poco tiempo recibía el Gobierno de Tierra Firme con el título de Presidente de la Audiencia de panamá, gobernador y Comandante General, allí dió muestras de un gran celo por el bien público y de una gran energía de carácter, a el se debió nada menos que la elevación de las fortificaciones del Istmo contra los piratas, amén de su gran liberalidad en servicio de la Corona, pues los cargos que desempeñara fueron servidos sin sueldos. Por lo mismo, y en premio de su conducta fue preconizado Obispo de Huamanga a donde se trasladó. Aquí su celo religioso corrió pareja con su actividad administrativa.

Elevó el Monasterio y la iglesia de Santa Teresa y creó muchas escuelas, asimismo hizo tender sobre torrente de la ciudad un puente de cal y piedra que se conserva hasta hoy; en semejantes obras invirtió mas de 36,000 pesos que no los costeó al erario sino de su propio peculio. El rey premió sus servicios trasladándolo al obispado de Quito como un ascensos, se ocupaba de su nueva diócesis de la organización de sus parroquias y construcción de monasterios cuando le anunciaron que un real decreto lo designaba para ocupar la silla virreynal del Perú vacante por fallecimiento del Marqués de Castell dos Ruis. Este había traído el primero lo que se llamó el pliego de providencia o de mortaja “era éste un pliego sellado que contenía los nombres de tres personas designadas por el Rey, para encargarse del gobierno en el caso de muerte o impedimento del Virrey: depositábase en las cajas reales y en una especial de tres llaves y abríase con gran solemnidad, si el caso previsto legaba o quemábase con igual solemnidad”.

Pues, bien: al abrise el pliego de mortaja, se hallaron tres nombres: el de don Juan González Santiago, Obispo del Cuzco, el de don Antonio de León, Obispo de Arequipa y el de don Diego Ladrón de Guevara; pero habiendo fallecido los dos primeros, el Obispo de Quito fue el que tomó posesión del mando.

Ilustraron su gobierno, el establecimiento en Lima de las órdenes de Minimos Crucíferos y capuchinos; una sublevación de negros cimarrones, el descubrimiento del rico mineral de Veuntaya en Carabaya y una incursión de piratas a las costas del Perú. Cesando en el cargo de modo violento tal vez, las acusaciones que ante la Corte le hibieron sus enemigos, entregó el mando al arzobispo de Charcas, y después del juicio de residencia en el que fue absuelto, regresaba a España cuando lo sorprendió la muerte en México en 9 de noviembre de 1718. Había gobernado el Perú, 5 años, 6 meses, 3 días y dejaba el recuerdo de un sacerdote ejemplar y un gobernante activo y probo.

Horacio H. URTEAGA

(1) El inimitable maestro Ricardo Palma, con la galanura y elegancia de su estilo, nos ha conservado el recuerdo de esta célebre fundación y los datos que en ella consigna del suceso, entre otros el que apuntamos, está sustentado por las magníficas fuentes históricas que ha consultado.

(2) Para elevar las murallas de Lima a que con tanto celo se dedicara el virry Duque de la Palata, se beneficiaron once títulos de Castilla, que se vendieron en 30,000 pesos cada uno. Estos títulos fueron 8 condes, el de la Puebla de los Valles, Santa Ana de los Torres, Villanueva del Soto, de la Vega del Rey, de Cartago (el de nuestra tradición( expedido en San Lorenzo el Real, en 4 de julio de 1656 para don José Hurtado de Chávez, natural de la villa de Cajamarca; el de las Lagunas de Chacacalle, Villa Señor de Olmos; y 3 marqueses: el de la Piza, el de Monterrico y el de San Lorenzo de Valle Umbroso.

(3) El cuadro lo posee actualmente el señor Carlos Aureo Velarde.

(4) Montalembert. Histoire de St. Elizabet Intr.

Nota: Las fotos que se acompañan, son las publicadas en el artículo original del Diario La Crónica.

De primera mano: La LIMA que vio FRIEDRICH GERSTACKER

Un escritor alemán que describe nuestra querida Lima a raíz de una visita que realizó, fue Friedrich Gerstacker. Viajero incansable, recorre todo el mundo y plasma sus impresiones en varios libros. En uno de ellos, “18 meses en América del Sur”, relata en 21 capítulos su estadía en Lima asi como sus excursiones al interior, incluyendo sierra y selva.

Conozcamos bajo la pluma de este novelista alemán, como vio Lima desde el 15 de diciembre de 1860, fecha en que desembarcó en el puerto del Callao, en un relato “de primera mano”.

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Fuente: https://alchetron.com/, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Por primera vez en mi vida en tierras peruanas! -Esta es una sensación particular que no es fácil describir, sino que debe de ser sentida por uno mismo para poder tener una clara idea de ello. Perú, Pizarro, Robinson Crusoe, Campe, viejas imágenes del tiempo de la juventud, repentinamente cobraron vida, apenas hube puesto los pies, al desembarcar, en sus arenas ásperas. Indios con coronas de plumas rojas, amarillas y azules en la cabeza y en torno de las caderas, y con broches de oro en los brazos y las piernas y arcos de flechas y mazas en las manos… De todo esto, no vi nada, pero sí bastantes levitas negras y crinolinas, algo que es justamente lo contrario de cinturones de plumas y de broches de oro.

Callao no se diferencia en nada de los otros puertos del mundo, trabajados todos ellos de acuerdo a un determinado patrón: al frente el mar con sus buques anclados y aquí y allá botes diversos; el desembarcadero provisto de un muelle de piedra o de hierro y por encima de todo, una hilera de hoteles, puestos de ventas y de agencias marítimas, casi todos los cuales llevan nombres ingleses, franceses y alemanes. Los habitantes del Callao no tienen empero, gran confianza en su ciudad, ya que hace algún tiempo, algo así como cien años, fue sumergida por las aguas a raíz de un terremoto. Piensan que el fenómeno puede repetirse, razón por la cual no bien la llamada terra firma comienza a temblar, toman sus cacharpas bajo el brazo y se dirigen a Lima, a toda máquina. Hace dos años estuvieron en alarma durante una semana, debiendo haber huido del Callao algunos miles, a fin de acampar en los amplios paseos de Lima, sobre los bancos y las platabandas de flores. Tampoco se puede confiar en el mar, especialmente cuando ya ha cometido semejante extravagancia, pues de una casa que se derrumba, uno puede quizás ponerse a salvo, mas no así de una desencadenada ola gigantesca que con sus millares de brazos de cristal todo lo agarra y lleva a la destrucción cuanto se pone a su alcance.

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¡Estación de Lima! -El tren rechina todavía durante un trecho corto a través de bajas construcciones que tienen una fachada pintada con muy mal gusto y un techo plano de barro a manera de calva. El tren se detiene en la estación, donde somos asaltados por hombres numerados que nos despojan de nuestros equipajes. Me hospedé en Lima en un gran hotel poco espacioso y en un cuarto nada acogedor; me lavé y me cambié y fui luego donde un honrado compatriota, un zapatero, a fin de hacerme lustrar las botas, lo cual fue hecho por él mismo en honor a su compatriota por un cuarto de dólar.

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El estilo de construcción de Lima, aunque sin el carácter tan antiguo que algunas ciudades han conservado fielmente en lo íntimo, no obstante tiene mucha personalidad y de manera muy particular por sus balcones que en ninguna parte del mundo se les puede encontrar de más color. Justamente a causa de su mezcla gustan a la vista, o por lo menos, no fatigan y no le ocasionan al hombre la desesperanza que le produce estar mirando filas de casas que sólo se diferencian entre sí por los números. Y no es porque desdeñen extenderse a lo largo de una cierta línea y que por ello estén más pegados que parados, tan pronto arriba, tan pronto abajo, no, es porque tienen también las formas y pinturas más diversas, tal como le haya convenido al gusto del arquitecto y del propietario. Aquí se prolonga a lo largo un ancho y alto balcón de oscura madera de cedro, con brillantes vidrios y cortinas coloridas detrás de ellos, más allá hace alarde un otro de oscuro color oliva, con las mismas celosías de madera corridas. Uno se pronuncia tanto sobre la casa, que puede ver al vecino en su ventana y otro está tan apretujado, que ha cobrado un sospechoso aspecto. No pocos se parecen a esas pequeñas construcciones que nosotros hemos descubierto aquí y allá en los antiguos castillos de la caballería, con estrías oscuras y perpendiculares. Rara vez se encuentra balcones modernos con molduras pétreas y abierta perspectiva y muchos semejan a un coupé de un tren de segunda clase.

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Casi todos los techos de Lima son planos y están cubiertos con quincha y madera y una delgada capa de barro por lo que, naturalmente, no pueden resistir ningún chaparrón. Hace cinco años debió haber caído uno, de manera que el barro disuelto chorreaba para satisfacción de los inquilinos, graciosamente sobre las alfombras y los muebles finamente forrados, descolgándose por las tapicerías en busca de su camino.

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Los gallinazos forman parte, sin duda, del escenario limeño, ya que sin ellos no es posible imaginarse las calles. Se les puede ver muy de mañana ocupados en remover celosamente las acequias, a fin de coger los suculentos trozos que allí les han sido arrojados de noche y donde también suelen entablar camorra por algún bocado importante. Ocurre no pocas veces que algún perrazo da un salto en medio de ellos, como bromeando, por lo cual alzan amigablemente el vuelo y van a posarse en el muro de una iglesia o en el más próximo tejado, donde esperan que el petulante perro haya satisfecho sus deseos. Como en todos los países cálidos, se impone una fuerte multa por matar a un animal tan útil, y así no se sirvieran de su sucio plumaje pardusco para adornar su pelado cuello y su asquerosa figura, contribuyen infinitamente en mantener la salud del lugar y merecen por ello que se les acoja.

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El gobierno ha hecho, además, algo por la ciudad, la cual posee una excelente red de cañerías con agua corriente en casi todas las buenas casas, así como gas y veredas en todas las calles. En todo caso, a través de éstas hay acequias revestidas. Por lo general, si uno no es muy exigente, existe una saludable limpieza -doblemente saludable si se viene justamente del Ecuador-. Para el embellecimiento el Estado ha abierto también su benéfica mano y bastante en realidad, si se piensa con qué frecuencia son cambiados los ministros y que no puede retirarse decentemente ningún jefe de gobierno, sin un medio millón de soles. En un lugar muy próximo a la ciudad ha sido construido un paseo muy hermoso, el cual tiene en verdad, una lejana semejanza con un campo de bochas y que por su fresca verdura y sus bien regadas plantas hace bien. Se encuentra un poco recargado con estatuas no malas y con jarrones que apretadamente corren paralelos por la alameda. Mide más o menos, cuatrocientos por veinte. Además de esto y a fin de coordinar lo hermoso con lo útil, se ha dotado a los diversos arrabales de colores variados, de manera que el lector puede, con un poco de fantasía, formarse fácilmente la idea de un extramuro azul cielo, mientras otro lo es verde, otro, amarillo. Hay no obstante en todo esto, algo singular pues uno se pregunta si en alguna otra parte del mundo tendrá el hombre pensamientos semejantes.

La plaza, en el punto céntrico de la ciudad, es un lindo y despejado lugar, con una bella fuente toda en metal sobre cuya bola se alza la alada diosa. Uno de los frentes está ocupado, como en Quito, por la catedral; dos, por portales y la cuarta ala por el palacio más triste que jamás hayan visto mis ojos. Debe de estar muy bien dispuesto en el interior, mas, en lo externo, produce una impresión como si hubiese sido comprado por viejo en una ciudad de provincia y levantado aquí porque no había lugar en ninguna otra parte por lo ancho y desairado.  

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Por lo demás, la plaza no ha sido utilizada como mercado, lo que yo encuentro muy acertado, debiéndose colocar los coches de punto sólo en determinados sitios-, pues hay coches de plaza en Lima, y ciertamente con dos excelentes y bien dispuestos caballos, mientras los cargadores de agua vienen con sus asnos a la fuente para llevar aquélla en pequeños barriles a las casas que todavía no disponen del servicio de agua por cañerías. Las calles están trazadas, como en todas las ciudades sudamericanas, a cordel -excepción sea dicha de Cerro de Pasco-, formando así las llamadas manzanas y cuadras; y los extranjeros residentes comienzan a utilizar en los locales que han comprado, un lujo semejante al de Europa. En las esquinas de las calles están introducidos en tierra, a la inversa, los cañones que antes sirvieron para defenderse del asalto de los indios, y ahora para protegerse de la intromisión excesiva de los vehículos.

Las murallas de barro en que antes estaban colocados los cañones en la vieja ciudad, constituyen todavía un enigma para aquellos que no conocen la naturaleza de este extraordinario país, pues mejor que todas las defensas contra asedios habidas en el mundo, serviría una primavera semejante a la que habitualmente tenemos aquí, para borrarlas de la faz de la tierra, completamente. No hay que temer cosa semejante, ya que también los indios han sido felizmente exterminados, y los pocos que han quedado con vida, están de tal modo desmoralizados y dispersos en el país, que no intentan ningún ataque contra estos muros de barro de su antigua ciudad.

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En Lima se encuentran barrios íntegros que son habitados casi exclusivamente por chinos, -covachas sucias, oscuras, en las que se albergan con sus singulares costumbres y vicios, siendo de admirar más todavía que el clero católico, que en estos últimos años se ha dado tanto trabajo para extirpar la herejía, haya permitido ahora que los paganos tengan ingreso libre al país, y hasta les paguen el pasaje para que puedan venir.

Chorrillos es el balneario más visitado de Lima, del que el lector no puede formarse por la gracia de Dios ninguna idea exaltada. Se puede imaginar un montón de ruinas, situadas a la orilla del movido mar, y sobre este montón de escombros, tierra y arena; una cantidad de pequeñas casas de barro y graciosas casas de veraneo, que parecen humear tranquilamente. Muy junto (se requiere ir por encima de una especie de muladar, en el que una cantidad de perros y de gatos muertos son despellejados por los gallinazos) se alza cálida e inconsolable la iglesia con su cementerio casi calcinado, al que ningún arbusto le brinda la menor sombra y protección, al que ninguna flor le envía una señal alegre y vital en el tremendo ardor. Todo está circundado por un muro de barro, un par de cruces esmaltadas de azul y negro se levantan allí adentro, y parece como si estiraran el cuello, como si quisieran salir de ese vaporoso y caliente lugar en pos de la libertad, y si estuvieran afuera, estarían deseando regresar, pues afuera, aparece todo desolado. Por lo demás, Chorrillos no podría ser un lugar de veraneo, si no mantuviese el culto del juego. La raza hispana ama singularmente el juego y una cantidad de personas que hace negocio con esto, merodea por allí para desplumar y saquear a los extranjeros poco experimentados. Allí encontré entre éstos a un conocido del vapor «Themar», que nos trajo de Santo Tomás hasta Colón y en el cual este mozo desnudó completamente a un par de ecuatorianos. Él estaba sentado, las manos en los bolsillos, en un banco, y, junto a él, apenas tres pasos más allá, un gallinazo mondaba un hueso: los dos se compaginaban admirablemente. Desde Lima se viene más o menos en una media hora, utilizando el ferrocarril a Chorrillos y se considera de buen tono poseer una residencia de verano en este atrayente lugar de arena y polvo, o por lo menos alquilarla para los meses calurosos. Los meses de calor no son en realidad, tan malos como se podría pensar por la situación geográfica de Lima y los áridos alrededores quemados por el sol. Yo estuve justamente en lo más caluroso del año pero no experimenté realmente ningún día de efectivo calor e inclusive las tardes eran frescas, por lo que había que llevar un sobretodo abrigador. Es un hecho maravilloso el que justamente en Lima encuentren rápida demanda nuestras gruesas telas invernales, paños que tienen un espesor de un cuarto de pulgada, y los cuales no van destinados al interior, alto y frío, sino que se usan más bien en Lima. Esto es lo que ocurre en casi toda la costa occidental de América del Sur, desde el Ecuador para abajo; las cordilleras con sus nevadas cumbres se encuentran muy cerca. Si viene el viento del occidente, trae consigo la helada brisa marina, pero si sopla del oriente, como ocurre la mayor parte del tiempo, trae entonces el viento de nieve de aquellas alturas, hasta la parte baja del valle, y crea por eso una temperatura muy diferente a la que se encuentra en la costa oriental, en la misma latitud. Las noches son constantemente frescas, siendo ésta la causa por la cual los europeos o los blancos no se debilitan tan pronto en estos países como en otros lugares de los trópicos. La vegetación es tropical pero en un país donde nunca llueve, es asombroso que todavía crezca algo. Sin embargo el mercado está lleno de frutos, pudiéndose escoger uvas, plátanos, piñas, naranjas, higos, tunas, melocotones, etc. 

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No puede contarse la nueva prisión para satisfacción de Lima. Sin embargo, es el mejor edificio de toda la ciudad. Hecho de piedra maciza, pero no del todo terminado. Se la ha construido de acuerdo al nuevo sistema de celdas, con un espacio abovedado en el centro probablemente la iglesia, y cinco alas en estrella en las que se encuentran las celdas, rodeado por un alto muro vigilado. ¡Sea clemente Dios con estos pobres pecadores que en este clima, tienen alguna vez que vivir en ellas! Tienen nueve pies de largo y cinco de ancho, lo suficiente para colocar un colchón, y para dar cuatro pasos -si es que no son muy largos- yendo y viniendo. El edificio, tal como está levantado, puede ser contemplado por cualquiera libremente, y posiblemente infunda un saludable respeto a esa Lima llena de chusma, ante sus palacios y sus caserones de piedra; esto sería necesario también, pues parece que los ladrones no se han preocupado mucho de las prisiones peruanas. Estuvieron llenas de ellos, y desde que fue suprimida la pena de muerte se multiplicaron las infracciones, los asaltos y los asesinatos en forma espantosa. Como es natural, ya no había lugar donde se pudiera meter a estos criminales y se afirmaba que la policía, cuando llegaban nuevos presos, soltaba a los antiguos para dar sitio a los recientes. Se vieron obligados finalmente a poner nuevamente en vigor la pena de muerte, habiéndose hecho notables los benéficos resultados de esta medida desde que fue dada.

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Los peruanos parece que tienen temor a la muerte. El cementerio de Lima ofrece muchas cosas singulares. La parte anterior del mismo aparece bastante alegre en el desolado desierto que lo rodea, pues como fue confiada a un jardinero alemán, éste ha transformado la entrada al silencioso campo de los muertos, en un jardín, cuyas platabandas están conservadas con frescura por los canales de agua que circulan. El camposanto propiamente dicho, aparece, en cambio, enteramente mercantil y ordenado, pues aquí residen los muertos, empaquetados limpia y ordenadamente en ficheros y por capas, teniendo una etiqueta en el exterior, que muestra el nombre y la fecha de la hipoteca. Aquí se sigue el mismo sistema que en Nueva Orleans: los ataúdes son encajados en fuerte estuche de ladrillo, el cual se clausura con cal y ladrillo, herméticamente. Cuatro en fila vertical, forman siempre un ancho muro que encierra en un abrazo un patio. Una especie de sociedad silenciosa y cerrada que una vez completa, no acoge más a ningún otro asociado y cuyos espíritus pueden mantener en la noche un encantador círculo privado sobre las lozas del patio del medio. Los muertos de los ricos habitan en casa propia, con derecho perpetuo de propiedad. En cambio los pobres, tal como en la vida, sólo en arrendamiento y cuando ha vencido el plazo y no se ha pagado el sitio, deben ofrecer su sitio a los recién venidos.

La parte posterior del cementerio no tiene el aspecto tan comercial pues allí se ve lugares abiertos y rodeados por muros bajos, en los que los más pobres tienen que ser enterrados sin pago alguno, en la tierra húmeda. El suelo consiste sólo de arena y piedrecilla, por lo que tampoco se levantan tumbas adornadas, así fuesen necesarias para tan pobres diablos. Una cruz roja y pequeña hecha generalmente de dos astillas de madera, señala el sitio en que yacen (no por obra del muerto o de su voluntad, sino por la del enterrador, para no confundir el lugar), sobre el cual se esparce cal, el cual es nuevamente escarbado después de algunos años, cuando el sitio se requiere, luego de incinerar detrás del cementerio los restos que pudieran haber quedado.

Mientras permanecí en Lima, hubo algunos temblores ligeros, uno de los cuales fue lo suficientemente fuerte, sin embargo, como para que me despertara de noche y sintiera temblar mi cama. En un principio, todavía durmiendo no supe exactamente qué es lo que pasaba, más la señal segura de un remezón, sobre todo en la noche, es que todos los perros comienzan a ladrar. En Lima no se les tiene mucho miedo, no obstante que los edificios están construidos para ello, y que un peligro constante acaba por embotar finalmente el sentido de intranquilidad.

Los invito a leer VIAJE POR EL PERU, de Fiedrich Gerstacker, un libro que en parte describe la vida cotidiana de nuestra querida Lima, y asi conocer como era nuestra ciudad, en una versión contada “de primera mano”.

Fuentes:

Fuentes del texto: “Viaje por el Perú” por Fiedrich Gestacker.

Fuentes de las fotos: “12 Láminas del viaje de LA BONITE, 1836-1837”.

EL PIANO: uno de los instrumentos musicales favoritos en el siglo XIX

PIANO.- Instrumento musical de cuerda percutida formado por una serie de cuerdas metálicas de diferente longitud y diámetro, ordenadas de mayor a menor en una caja de resonancia, y una serie de teclas blancas y negras que, cuando son pulsadas, accionan unos pequeños mazos de madera (macillos o martinetes) que golpean las cuerdas y las hacen sonar.

Este instrumento, de origen italiano, tuvo mucha aceptación entre las familias limeñas antiguas. Acompáñenme a conocer mas sobre su presencia en las casas de la Lima del siglo XIX.

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Fuente: Revista “El Perú Ilustrado”

El francés Max Radiguet en su libro “Lima y la sociedad peruana”, describía el mobiliario de una casa entre 1841-1845. Y en esa descripción no faltaba: un piano.

“El mobiliario limeño es en general de una extrema simplicidad: algunos sofás de crin, sillas, taburetes, una alfombra o esteras de juncos trenzados, un piano, una mesita portando un ramo recientemente cogido o una fuente de plata llena de una mezcla de flores deshojadas, forman todo el lujo de la pieza principal, que se encuentra en alto, y cuyas ventanas están dispuestas de manera de combatir, por corrientes de aire, los ardores del clima”.

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Fuente: Revista “El Perú Ilustrado”

Pero no fue el único quien dejo escrito la presencia de este instrumento en las casas limeñas. En su libro “Perú en 1852” el marino sueco Carl Skogman igualmente describió las viviendas, describiéndolas de la siguiente manera:

“Las habitaciones son altas y amplias. Los balcones cerrados y provistos de cortinas que se encuentran al exterior de las ventanas, sólo permiten la entrada de poca luz y contribuyen a mantener fresco el ambiente. Los pisos se cubren con delgadas alfombras de paja o de lana de vivos colores y los muebles son cómodos y vistosos. Casi ningún hogar medianamente pudiente carece de piano“.

En “El Perú romántico del siglo XIX” José Flores Araoz igualmente describe una casa: “Se trata de un vasto salón abovedado -lo que amerita dudar de la atribución pues esa arquitectura no se uso en Lima- con decoración rococo, cortina oscura, alfombra, sofa, sillas, espejo y piano“.

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Fuente: Revista “El Perú Ilustrado”

En las revistas de la época, como “El Perú Ilustrado” es común ver avisos de venta de pianos y tanto fue su popularidad, que Lima tuvo una fábrica de pianos, del Sr. Luis Freund, que en su momento fue la única en Sudamerica, la cual estuvo ubicada en la calle de la Higuera # 42. Decía su propaganda: “Se fabrican pianos según los modelos mas avanzados de Europa, con clavijero de acero fundido. La madera que se emplea en la construccións de los planos Freund es el cedro en todo el instrumento, lo que contribuye a que la polilla no lo invada”.

Otra marca de pianos que se ofrecían en aquel entonces eran:

  • Pianos “Gaveau”, comercializada por Cutin &Ca. en la calle Baquíjano # 307.
  • Pianos “Bluthner”, comercializada por Guillermo Brandes, en la Plazuela de San Agustín.
  • Pianos “Bradbury”, comercializada por Peter Bacigalupi y CiA en Espaderos # 237.
  • Pianos “Apollo”, Comercializada por R.L.Holtig, en calle Virreyna # 492.

Inclusive la empresa BEHR-BROS & Co., de Nueva York, fabricantes de pianos BEHR, incluían en las revistas locales su propaganda.

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Muchos de estos pianos estoy seguro que todavía se conservan en manos de descendientes de propietarios. Es mas, en las páginas de ventas de antigüedades se pueden encontrar pianos de las marcas aquí mencionadas que han sido puestos a la venta. Realmente una antiguedad.

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Fuente: página venta.brick7.com.pe
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Fuente: página venta.brick7.com.pe

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Fuente: página lima-lima.olx.com.pe

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Fuente: página lima-lima.olx.com.pe

En el siglo XIX, el piano pasó a ser parte del mobiliario de las casas de las familias acomodadas de Lima. Su presencia no solo era un signo de poder económico de la familia sino también hablaba sobre la educación que recibían los vástagos de dichas familias, sobre todo las mujeres. Fue un instrumento musical que marcó toda una época en nuestra querida Lima.

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Orquesta Familiar denominaban a este conjunto musical dirigido por el maestro Einfeldt – Foto Eugene Courret

 

 

 

MERCADERES Y ESPADEROS: sus locales comerciales en el año 1889

Leyendo la Revista “El Perú Ilustrado” # 102 del sábado 20 de abril de 1889, encuentro esta interesante descripción de las calles Mercaderes y Espaderos. Teniendo como base este artículo caminemos, remontándonos a esa época, por estas comerciales casas e ingresemos a algunas tiendas para ver que novedades nos ofrecen.

“Mercaderes” y “Espaderos”! ¿Necesitaremos decir que estas dos calles son, con las “Mantas” y “Bodegones”, las arterias principales del comercio limense?

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¿Necesitaremos decir que en ellas podemos apreciar el estado de nuestras finanzas, pasar revista diaria a los dandys mas fashionables, a las hermosas, elegantes y espirituales limeñas, al numeroso y agitado cuerpo de reporters de la prensa local, que en ellas (las calles) coje cada noticia como la catedral?

Lo creemos inútil. Para los que no conozcan Lima, bastará decirles que en esas dos calles, además de muchísimas casas comerciales de alto coturno, etc, etc., se hallan los establecimientos de:

  • Welsch & Co., los afamados importadores de relojes, cuadros al óleo, artículos de fantasía, etc., etc.,

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Como bien dice el anuncio, su especialidad eran los relojes marca Waltham y Longines. Además comercializaban: “Artículos de fantasía en general, de Plaqué fino, Bronce, Porcelana, Fayence, Cristal Cuero, Felpa, etc., aparente para regalos de Santo, de Matrimonio, de Pascua, etc. Relojes de mesa y de pared de Mármol, Bronce, Madera fina, etc., despertadores de nickel & Reguladores. Servicios de mesa de plaqué de primera calidad, como juegos de té, azafates, cubiertos, convoys, etc., de las marcas Reed & Barton y Christofle. Cuchillos de mesa Rodgers“.

Cabe anotar que la casa Welsch abrió su primer local en 1858 en una pequeña tienda de la calle de la Merced. De allí se trasladó a la calle de la Coca para luego trasladarse en 1886 a la calle de Espaderos # 261.

  • Juan Meyer, el dueño de la acreditadísima Botica Inglesa,

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Esta botica se preciaba de ser la más antigua de Lima desde que el servicio farmacéutico quedó organizado. Fue fundada en 1850. El Sr. J. Meyer, natural de Alemania, ingresó a trabajar en 1874. En 1880 compra conjuntamente con el Sr. Schroeder la Botica a los Sres. Hague y Castagnini. El negocio se ubicaba en la calle de Espaderos # 188 y 190.

  • Crevani, el gran Crevani, el único importador de los nunca bien ponderados sombreros de Lincoln Bennet & Co.,

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  • Pigmalion, el de las modas y confecciones,
  • José Riss e hijos, reputados introductores y fabricantes de sombreros, y
  • Peter Bacigalupi & Co., bien conocidos dentro y fuera de Lima.

fotos reveladas

Y si nos apartamos de las joyas y las medicinas; de los cuadros y los sombreros; de la tipografía y las modas y queremos algo mas positivo: ahí tienes lector a los doctores Ev. P. Duclos y Christian Dam, que en materia de operaciones dentales, gozan de tan buena y estensa fama.

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A continuación un grabado de la esquina de Mantas (actual Jr. Callao) y Mercaderes (actual Jr. de la Unión). No solo el Dr. Dam había colocado un letrero en la parte superior sino un curioso “diente” colgante. Marketing de la época. Su ingreso era por el Jr. Mantas # 7 (altos) según los avisos publicados en la época.

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Si deseamos satisfacer un buen apetito, si somos gastrónomos: ahí está el Hotel Americano donde se come de rechupete y, oidlo bien, jóvenes de esperanzas y de flor en el ojal; en estas calles teneis, al voltear una esquina, a Parrinello, el de las cerezas y en el centro de Espaderos una sucursal de Broggi hermanos, lo cual bastaría y sobraría para hacerlas notables si no fueran ellas el camino más seguro para llegar al Portal de Escribanos que se divisa en el fondo y en el cual ya sabes que hay dos lujosísimos almacenes del Bon Marché de Lima, cuyo carricoche de que ya hablamos, ha venido a dar a Lima un aspecto comm´il faut, pues, ello prueba que las grandes casas como Sivori y Panizzoni y Gagliardo hermanos que tienen también elegante carro para sus mercaderías, se proponen seguir las costumbres de la palera Europa.

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Ya ven, lectoras, cuán atinado ha estado nuestro muy estimable Editor Peter Bacigalupi al tomar la fotografía de que es copia fiel el dibujo que nos ocupa; pues ello nos ha dado ocasión: primero, para exhibir un buen trabajo en el arte de Daguerre y luego, espacio para hacer constar que en Lima, pese a la suerte que nos persigue, aún hay vida; sólo que nos falta un Pactolo entre cuyas arenas encontrar ese elemento que hace al hombre hábil, hermoso, amable y que se yo que más, y sin e cual todo es malo, triste y sombrío.

A continuación, otro negocios que hubieron en dichas calles:

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Espero que este artículo los haya transportado a nuestra querida Lima, en este caso, a la Lima del año 1889.

Fuente:

Todos los grabados y anuncios son de la Revista “El Perú Ilustrado” así como el artículo mencionado.

EL PASEO DE ALCALDES (o el Paseo del Estandarte de Lima) por Ricardo Palma

Reproduzco este artículo por su importancia histórica. Fue publicado en la Revista “El Perú Ilustrado” Nro. 35 del 07 de enero de 1888.

Paseo de Alcaldes 2

Además de la obligación de llevar el estandarte de la ciudad en toda acción de guerra tenía el Alferez Real de Lima la de sustentarlo siempre que aquel se daba al viento. Esto se realizaba, ordinariamente, dos veces en cada año: el 6 de Enero y el Jueves Santo.

El estandarte de Lima fue bordado por la reina Doña Juana, viuda de Felipe el hermoso y madre de Carlos V. Este, y no el gonfalon de guerra de Francisco Pizarro, fue el obsequiado por el Cabildo al General San Martin, quien, por una cláusula de su testamento, dispuso que fuese devuelto al Perú. Depositado en palacio, desapareció en un día de motín.

La bandera de Pizarro nunca estuvo en Lima, sino en el Cuzco. Después de la batalla de Ayacucho, los cuzqueños se la regalaron al Mariscal Sucre quien la envió a Caracas donde ahora se encuentra.

El 1ro. de Enero elegía el Ayuntamiento los dos Alcaldes que debían rejir la ciudad en el curso del año. Ambos tomaban posesión del cargo el 6 de Enero, en una ceremonia conocida, por unos, con el nombre de Paseo de Alcaldes y, por otros, con el de Paseo del Estandarte.

A la cuatro de la tarde de dicho día salía de casa del Alcalde de primer voto toda la corporación municipal a caballo en dirección al Cabildo, donde se les unía el Alferez Real con el estandarte de la ciudad. Luego desfilaba la comitiva en el órden siguiente:

  • Los maceros, llevando grandes mazas de plata con las armas de Lima.
  • Los rejidores, síndicos y asesores del Cabildo
  • El Alferez Real con el estandarte, en medio de los Alcaldes. Era, no de obligación sino de cortesia, que el Alferez cediese, en el paseo, al primer Alcale el derecho e llevar la bandera.
  • Algunos vecinos notables.
  • Alguiaciles, portes y pajes de los cabildantes con sus respectivas libreas.

Este faustuoso cortejo se dirigía a la Alameda de los Descalzos, invadida con anticipación por el vecindario y por todas las calesas y carruajes de la ciudad. Recorría despues las principales calles, y por fin, se dispersaba al llegar a la casa del Alcalde de primer voto.

Allí, en un altar preparado al efecto en el salón, se colocaba el estandarte rodeado de farolillos y luces de colores, y seguía una tertulia ofrecida por el Alcalde a sus amigos.

Al día siguiente, recibían los Alcaldes las visitas de felicitación. A las cuatro de la tarde se reunía otra vez la comitiva de la víspera y, después de igual paseo, se depositaba el estandarte en Cabildo.

En la noche lo hacía enfundar el Alferez Real y lo trasladaba a su domicilio donde lo conservaba hasta la tarde del Jueves Santo, en que acompañado de todo el Cabildo, que iba a pie, entraba el Alferez, a caballo, en la Catedral y batia por tres veces el estandarte delante del altar de Nuestra Señora de la Antigua, donde estaba el famoso monumento, en urna de plata macisa, obsequio de Carlos V a la ciudad, y que, hace cinco años, se volvió humo entre las uñas sacrílegas de un celebérrimo canónigo, que aún pasea muy fresco por esas calles en vez de ocupar una celda en el panóptico.

Las Cortes de Cádiz abolieron, en 1812 el Paseo del Estandarte; pero restablecido el absolutismo hubo nuevamente paseo de Alcaldes el 6 de Enero de 1815, y continuó hasta igual fecha del año 1820.

Olvidábamos apuntar que la noche en que dormía el estandarte encasa del Alcalde, se le cosía por la esposa, hermana o hija de este un parchecito de raso amarillo en el que, con letra, bordadas o doradas, se leía una inscripción conmemorativa.

El cargo de Alferez Real era hereditario en la familia de los marqueses de Castrillon, y hoy correspondería ejercerlo a nuestro amigo el señor General Buendia, actual marqués de Castrillón in partibus infidelium.

Debemos al inimitable lápiz de Pancho Fierro, que presenció los paseos del Estandarte desde 1815 hasta 1820, el cuadro que, en fiel copia, figura hoy en las páginas de “El Perú Ilustrado”.

Ricardo Palma.